LOS PERROS EN LA VIDA MODERNA
PERROS EN LA VIDA MODERNA
Se suele aludir a los perros
metafóricamente para expresar cualidades y situaciones vitales negativas o
despreciables: tener una vida de perros,
morir como un perro, estar de un humor
de perros o hacer un tiempo de perros…
En algunos países orientales, tales que La India, estas
expresiones populares se confirman plenamente en la propia raza canina, ya que los
perros, que son en su mayoría callejeros, son tratados a patadas
–literalmente- con una saña y crueldad
que serían objeto de denuncia en nuestro
país y nos harían sentir apenados e indignados por el sufrimiento de estos
pobres animales.
Afortunadamente, y especialmente para los aludidos, estos
animales de compañía han alcanzado un estatus muy diferente al que tenían hace
sólo unas pocas décadas tanto en España como en otros países occidentales, no
digamos ya en otras naciones en vías de desarrollo. En los últimos años, los
perros de criadores profesionales y algunos provenientes de refugios caninos
han encontrado lugar preferente en hogares de todo tipo de personas: parejas
jóvenes sin hijos o con ellos, hombres o mujeres separados o divorciados con
necesidad de compañía cercana, o sea, de evitar la carcoma silente de una
soledad forzada, gente mayor, jubilada o similar, niños y adolescentes que se
encaprichan de alguna raza en particular porque la han visto en casa de algún
amigo o en vídeos de redes sociales…
Los benditos canes están en su apogeo, paseando orgullosos
con sus amos –muchas veces sus sirvientes- disfrutando de una vida regalada, y
con extras tales como pienso especial,
ropa para el frío y la lluvia, sesiones de peluquería y podología, y hasta
tratamiento psicológico perruno, si su ánimo o sus ganas de jugar y pasear
decaen inesperadamente; y no tienen siquiera que preocuparse por el aseo,
puesto que ello se cuenta entre las tareas asignadas a sus cuidadores; mas, no para
aquí el meteórico ascenso en estatus de estas criaturas, ya que una famosa firma italiana de perfumes ha sacado
recientemente al mercado una fragancia
para perros.
Hay sospechas de una creciente y hostil inquina hacia estos
privilegiados canes, proveniente de sus parientes más cercanos, los perros pastores,
rastreadores, guardianes o de caza –los que viven en el campo y tienen sus
asignados trabajos en relación con los humanos que los mantienen, los que deben
ganarse el rancho diario con el sudor de sus cuerpos, estando siempre alerta a
los deseos de sus amos y a los más leves cambios en el entorno. Son los
directos descendientes de los Canis Lupus
Familiaris que fueron originalmente lobos domesticados por las comunidades
humanas del Neolítico. Estos perros del campo se resienten de que sus parientes
urbanitas viven una existencia regalada sin realizar prácticamente ningún
trabajo, excepto el de las constantes demostraciones de cariño y lealtad hacia
sus amos o amas; pero estas expresiones de afecto no suponen un esfuerzo especial
ya que forman parte de su natural sociabilidad y va impresa en sus genes, no es
algo por lo que tengan que pugnar...
En la raíz de este conflicto se encuentra el profundo
problema identitario de una especie con tan estrecha y tan antigua relación con
la nuestra. La humanización de estos
animales, o sea, el trato y relación con ellos asignándoles un rol y unas
cualidades humanas, se acepta, por parte de los perros-mascota como un ascenso
en el escalafón, un aumento exponencial en comodidades y gratificaciones
varias; sería como alcanzar una vida de lujo comparable a la que una persona
que gana un gran premio en la lotería se podría permitir… Sin embargo, los
canes rurales, no están de acuerdo con esta idea, y sí con mantener su perruna
idiosincrasia en contacto con la naturaleza y sus instintos de raza.
En este punto, es de justicia recordar, reconocer y alabar
los nobles atributos que estos leales animales nos han demostrado en
innumerables ocasiones a lo largo de milenios.
Comenzando por recordar al Can Cerbero, el gran perro de tres
cabezas de la mitología griega que guardaba el paso del mundo de los vivos al
inframundo, impidiendo que los muertos saliesen y los vivos entrasen, los
relatos y las leyendas de hazañas heroicas realizadas por estos fieles animales,
siempre en defensa e interés de sus amos, son muchos y variados; Kudriavka, una
perra callejera moscovita se convirtió en Laika, la primera perra astronauta de
la historia; Rin Tin Tin fue un pastor alemán y
héroe de Hollywood que recorría las praderas del Salvaje Oeste ayudando
a los soldados del ejército de los Estados Unidos en todo tipo de tareas y aventuras;
ha habido perros que han seguido a su amo hasta la muerte, o que han dado sin
dudarlo su propia vida por la de aquel; sin olvidar a los perros rastreadores
que buscan entre los escombros de edificios derruidos por catástrofes naturales
para salvar las vidas de las personas enterradas en ellos.
Estos perros –ilustres o anónimos- han realizado sus heroicas
gestas no por afán de notoriedad, sino por amor y fidelidad a sus amos o a
otros seres humanos, sin buscar ser objeto de twits o aparecer en vídeos virales en las redes sociales.
Ciertamente su instinto ha jugado un papel importante en estas gestas, sin
embargo, podemos también conceder debida importancia al factor de su propia iniciativa,
ya que no todos los perros han mostrado el mismo arrojo y heroica actitud en
tales ocasiones.
Quizá sea por esta razón la indignación que sienten los
perros del campo ante la aceptación de la vida facilona e indulgente, del dolce fare niente, de sus parientes
urbanitas. Podróian quizá pensar: con tan
exaltado estándar de conducta y actitudes como el de los insignes canes
nombrados, cómo pueden estos perritos de ciudad dejarse sobornar tan fácilmente
por los embelecos y estímulos baratos ofrecidos por amos que ni siquiera tienen
clara la diferencia de especies que media entre ambos.
La humanización de
los perros, o sea el proceso de
aproximar la relación persona- perro a la de
persona-persona continuará hasta límites insospechados, dada la natural
tendencia de las especies a relacionarse entre los individuos que las conforman.
Los hombres y las mujeres desean, naturalmente, socializarse entre ellos –es
decir, con otras personas-, y cuando tienen la compañía constante de un can
conviviendo con ellos, intentarán que este se parezca lo más posible en sus
reacciones y modos de comunicación a un ser humano. Para ello usarán vocativos
cariñosos y cómplices, del estilo de los que usarían con niños, les proveerán
de artículos de atuendo y cuidado cada vez más sofisticados, en línea de los
usados por las personas y, en fin, les brindarán la clase de atenciones que ya
se han citado anteriormente.
Por último, y para dejar clara mi posición en este asunto,
debo decir que me gustan mucho los animales en general, y los perros en
particular, y yo mismo he tenido un perro al que quise entrañablemente; pero
reconozco su esencia perruna, la cual me fascina; me gustan como son y no como a mí me gustaría que fuesen. Está
claro que debe haber una cierta dosis de entrenamiento y adaptación por parte
de ambas partes –sobre todo, por la del perro- para vivir en una vivienda
bastante limitada en espacio; a veces se trata de pisos pequeños y de horarios
bastante restringidos si los/las dueños/as trabajan, por lo que es necesario un
proceso de acoplamiento, siempre teniendo en cuenta que hay ciertas necesidades
de nuestros canes compañeros que debemos satisfacer: alimento, ejercicio y
paseo, exploración de nuevos entornos, cuidados veterinarios y otros.
Pero siempre teniendo en cuenta que debemos respetar la
naturaleza propia e inherente del animal, y no intentar modelarlo a nuestra
imagen y semejanza. Es así como podremos
desarrollar un cariño más sano hacia ellos, y aprender muchas cosas
sorprendentes y maravillosas de nuestros perros.
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