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LOS PERROS EN LA VIDA MODERNA

            PERROS EN LA VIDA MODERNA   Se suele aludir a los perros metafóricamente para expresar cualidades y situaciones vitales negativas o despreciables: tener una vida de perros, morir como un perro,   estar de un humor de perros o hacer un tiempo de perros… En algunos países orientales, tales que La India, estas expresiones populares se confirman plenamente en la propia raza canina, ya que los perros, que son en su mayoría callejeros, son tratados a patadas –literalmente-   con una saña y crueldad que   serían objeto de denuncia en nuestro país y nos harían sentir apenados e indignados por el sufrimiento de estos pobres animales. Afortunadamente, y especialmente para los aludidos, estos animales de compañía han alcanzado un estatus muy diferente al que tenían hace sólo unas pocas décadas tanto en España como en otros países occidentales, no digamos ya en otras naciones en vías de desarrollo. En los últimos años, ...
       EL MUERTO AL HOYO Y EL VIVO AL BOLLO   A menudo observo nuestra autocomplacencia ante el infortunio del prójimo. Parece ser que un cierto placer se manifiesta en nosotros cuando vemos cómo algo se le cae estrepitosamente al vecino de mesa en una cafetería, o alguien da un mal paso en un gimnasio y va rodando por el suelo con las pesas, o contemplamos una colisión de coches en medio de la calle, junto a nosotros. Hay ocasiones en las que incluso hemos de ocultar las sonrisas que pugnan por salir del rostro… De niños, más de uno nos hemos hecho caca en los pantalones cuando no podíamos aguantar la barriga y el profe no nos daba permiso para ir al retrete. Si el percance llegaba a hacerse notorio, posiblemente por el fétido olor producido, las carcajadas de escarnio del resto de la clase seguramente se podían oír hasta en el último rincón del colegio. Está claro que para un probo mortal, los errores, los accidentes, y las situaciones embarazosas son ...
                                               LAS DOS BURBUJAS DEL TURISTA   ¡Qué gran placer es el viajar! El cambio entre la diaria rutina y la irrupción repentina   en un mundo nuevo, entre el trabajo de siempre y el ver y escuchar a gentes diversas, hablando otros idiomas a veces, y el observar ciudades y paisajes diferentes nunca antes contemplados; el cambio entre las frustraciones ocasionales causadas por quién sabe qué personas, a veces cercanas, o el tedio de tener que representar el papel esperable de uno ante los demás, y las insólitas y espontáneas confusiones que suceden en el momento más inesperado como consecuencia del diferente habla y símbolos culturales y que provocan estruendosas carcajadas; entre la comida habitual que uno tan bien conoce y los sabores de guisos nuevos, exóticos, propios de la nueva cultura qu...
                        ACTORES, ESPECTADORES Y OTROS BINOMIOS INEVITABLES Una posible dicotomía de los tipos humanos es la que los cataloga en   dos clases, los actores y los espectadores, o, como también se les puede llamar, los activos y los contemplativos. Los primeros suelen estar continuamente ocupados en hacer algo –y normalmente hacen gala de ello- ya sea, en el trabajo, que nunca consideran suficientemente bien terminado, en casa, donde trajinan sin descanso porque siempre ven todas las cosas que quedan por hacer o las que están mal hechas -y se sienten aguijoneados por ellas-, o en cualquier otro lugar y circunstancia-; incluso en los viajes y otros momentos de ocio raramente   están quietos, pues el estar relajados e inactivos les produce una suerte de desazón, a veces incluso un cierto remordimiento de conciencia. Los segundos se sitúan en el polo opuesto al de los actores. De natural relajado y pars...
         LA BUENA GENTE Y LOS POCOS BUENOS   Se dice –con infinita ingenuidad popular- que la mayoría de la gente es buena, que tan solo hay unas pocas personas malas en el mundo. Sin entrar en las obligadas preguntas de qué o quién es malo o bueno y qué le hace tal, podemos fácilmente estar de acuerdo en el núcleo del problema que se plantea a continuación: esos pocos malos, situados en las posiciones de poder, controlan, en alguna medida, las vidas de los otros muchos, en variados e importantes aspectos de la existencia.  Está comprobado históricamente que si se produce un cambio de sistema político, por los medios que sean, por el que unos pocos de entre los muchos logran reemplazar a los pocos que anteriormente manejaban los resortes del poder, los nuevos pocos mimetizan enseguida la actuación de los anteriores, por lo que no se consigue realizar mejoras substanciales en las condiciones de vida de los muchos. Pero cabe pensar que hay otro ...
            LOS INNUMERABLES OJOS DE DIOS   Aquel gran ojo de antaño -que seguramente recordamos- insertado en un triángulo en el inmenso cielo azul que domina la Tierra, se ha desintegrado en mil pedazos. No hay rastro ya de él. En su lugar, miles de ojos de metal, de formas cúbicas, esféricas o poliédricas, flotando en el espacio, circundan la Tierra captando y enviando imágenes, ondas de telefonía móvil, fotografías, textos, señales codificadas, escuchando conversaciones, descifrando guarismos encriptados, espiando movimientos militares y comerciales, en una apoteosis de desconfianza internacional mutua, de ansia insaciable de control y preponderancia – económica y militar- sobre territorios y naciones. Pasaron aquellos tiempos en que el gran ojo triangulado -el ojo que todo lo presidía, que todo lo veía- ejercía una cierta y poderosa influencia en las mentes de las mansas masas, y el hombre abandonó la sumisión a las creencias, decidió romp...
  ¡DEMASIADO!   En la década de los 70 se hizo popular, entre un sector reducido de gente joven, el uso de la palabra demasiado con una acepción nueva: quería ésta expresar la cualidad extraordinaria de ciertas situaciones estimulantes que desbordaban el contenido de los epítetos al uso cotidiano en la lengua. Si una película era muy buena se decía que era demasiado , si un viaje o unas vacaciones resultaban muy gratificantes se los calificaba como demasiado y si un paisaje, un amanecer o una puesta de sol impresionaban al espectador con una belleza insospechada, también alguien se podía referir a ellos como demasiado . Por aquella época, la palabra demasiado , en su sentido consuetudinario, no era muy usada, ya que la abundancia no era precisamente un signo de los tiempos. No se daban muchos excesos cuando aún no habían aparecido los hipermercados y grandes superficies, la explosión imparable de la electrónica, la producción masiva de vehículos de motor, el vertiginoso ...