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LOS PREPARADORES (Parte VIII)

  LOS PREPARADORES   (Parte VIII) Se puso muy triste al saber que Patty no vendría, pero no se derrumbó; tenía muy claro en su cabeza que debía partir, y pronto. Llevaba algún tiempo sin contestar llamadas ni mensajes, excepto de las pocas personas que aún mantenía cercanas, ni abrir la puerta de su casa. Temprano por la mañana solía ir al Parque de los patos a pasear, a dar de comer a los ánades; compraba barquillos de aquellos ancestrales cilindros rojos de hierro que tan nítidamente recordaba de su niñez, y contemplaba a los chiquillos ilusionarse y sonreír cuando les compraban un globo de colores. Le vino un recuerdo de un lugar donde había estado que se fijó en su mente; había sido hacía unos dos años, y se había sentido extraordinariamente bien en él. Era la isla de Ko Samui, en Tailandia. Sí, era el lugar perfecto. En pocos días dejó sus asuntos arreglados, se despidió de los suyos y tomó el avión con rumbo a Bangkok y, después, a Surat Tani; de allí, un pequeño f...

LOS PREPARADORES (Parte VII)

  LOS PREPARADORES   (Parte VII) Tras esta conversación, Julen se sintió pletórico; no había nada que deseara más en este momento. Sus viajes descubriendo las maravillas del mundo, su popularidad de pionero entre amigos y familia, su inesperado y fulgurante éxito como preparador, nada de ello se podía comparar al sentimiento que abrigaba en su corazón y, sobre todo, a saber que Patty también lo compartía. Los proyectos le entraban uno tras otro, y las fechas de entrega de los mismos eran cada vez más acuciantes; el café expreso que preparaba en la cocina del loft le parecía aguachirri y, tras unas cuantas noches en blanco tratando de terminar la programación del proyecto que tuviera en curso, las persianas de los párpados se le cerraban en el momento más inesperado… Cuando Máximo se dio cuenta, le llamó a capítulo; le aseguró que lo más importante era cumplir con las empresas que contrataban los servicios de los preparadores, -cumplir a tiempo- y le ofreció un suministro...

LOS PREPARADORES (Parte VI)

  LOS PREPARADORES   (Parte VI) En poco más de dos meses el partido en cuestión irrumpía con fuerza en el panorama político de Euskadi. La expectativa de voto se había multiplicado por mil, y el fenómeno se comentaba en todas las emisoras locales y nacionales; la gente hablaba sobre ello en bares y en corrillos de amigos, algunos con desidia, otros con curiosidad, otros dándose a todos los demonios por lo que veían como un aumento inesperado del ya enorme lodazal de la política. El éxito para el joven preparador se tradujo en una considerable montaña de euros como él nunca hubiera podido imaginar; lo primero que tocaba era independizarse; alquiló un pequeño pero coqueto loft   en la calle Fernández del Campo y, aprovechando que su padre quería cambiar de coche, le compró el viejo Mercedes de la familia, que tenía ya sus años pero que todavía mantenía sus caballos en buena forma; sobra decir que toda la familia de Julen, sus padres y su hermana pequeña, Maider, estab...

LOS PREPARADORES (Parte V)

  LOS PREPARADORES    (Parte V) Pasaron las tres semanas y Máximo llamó a Julen a su despacho. -         Bueno, Julen, fin de la primera etapa; Roberto me ha mantenido al corriente de tu marcha en el curso; los informes son muy buenos, tal y como yo esperaba. -         Me alegro; el curso me ha ido interesando cada vez más, sobre todo los aspectos psicológicos y sociales. Además, la tarea práctica que nos propusieron a nivel personal al principio del curso ha salido a la perfección; en solo dos semanas he cambiado actitudes en algunos familiares y amigos que venían siendo problemáticas desde hacía años. La verdad es que eso ha terminado de convencerme. -         ¡Genial, hombre! Ahora te voy a dar una gran noticia, tengo un proyecto para ti, nos acaba de entrar y he tenido el pálpito de que está hecho a tu medida. -         ...

LOS PREPARADORES (Parte IV)

  LOS PREPARADORES   (Parte IV) Los días pasaban, y Julen estaba cada vez más interesado en las clases; eran muy variadas, y con un talante claramente práctico; incluían rol-playing, juegos de sillas, técnicas de concentración y relajación, documentales sobre cambios drásticos en el funcionamiento y estructura de grandes organizaciones a través de la historia… Estaban superando ampliamente sus expectativas. Las incómodas sensaciones del principio sobre la naturaleza de todo el tinglado de los preparadores se iban desvaneciendo día a día; recordaba sus viajes más emocionantes, los momentos de exclamar para sí: ¡oh, esto es demasiado para ser verdad! ¡Lo que estoy viviendo es irrepetible!, y   los relacionaba con su etapa actual como si fueran el antecedente inevitable de lo que estaba viviendo, como si todos aquellos viajes le hubieran servido para culminar el éxito incomparable que probablemente le esperaría tras su entrenamiento como preparador . Un día de la primer...

LOS PREPARADORES (Parte III)

  LOS PREPARADORES   (Parte III) —Y bien. ¿Te apuntas? Julen reflexionó. Siempre había querido triunfar, ser alguien especial, y lo había conseguido: era un auténtico aventurero. Pero necesitaba emprender algo nuevo, quizá algo como capitanear a aquellos seres oscuros que le rodeaban, que no entendían la vida y le apagaban a él. Máximo le comprendía y creía en esa ambición que otros cuestionaban. Dejaría de estar solo, de predicar al vacío, a la nada. Ya no dudó: —Cuenta conmigo.   —Genial. ¿Qué estás dispuesto a hacer para empezar? -         ¿Qué hay que hacer? -         Primero tendrás que seguir un curso relámpago de tres semanas, de lunes a sábado, de 9 a 2 y de 4 a 8 de la tarde. Preséntate mañana a las 9 en esta dirección –le pasa una tarjeta-. Te recibirá Roberto Lacalle. -         ¿Me podrías anticipar algo? ¿De qué va el curso? -   ...

LOS PREPARADORES (Parte II)

  LOS PREPARADORES   (Parte II) Pudo sentir una atmósfera electrizante nada más llegar. Cualquier otra persona, de natural más precavido, hubiera huido de lugar tan inescrutable, en el que se percibía una soterrada amenaza; pero no había dado media vuelta ante pasos de montaña mortales o en saltos en paracaídas a miles de metros de altura; conocía la satisfacción al otro lado del riesgo. Los imponentes guardas que esperaban en la gran puerta de rejas anotaron su nombre y número de documentación y le hicieron una fotografía antes de guiarle al gran salón, que estaba sumido en una tenue y acogedora penumbra. Le fue difícil determinar cuánta gente había, pero cada alma presente se le hizo muy pesada; les sentía latir con una intensidad contagiosa que se le metía por la boca y atenazaba su cuerpo hasta envolverlo en una cierta docilidad. La música rompió el aura siniestra: era un rock desenfadado y alegre, de carretera y ventanilla bajada. Los focos iluminaron un escenario impon...