LOS PREPARADORES (Parte III)
LOS PREPARADORES (Parte III)
—Y bien. ¿Te apuntas?
Julen reflexionó. Siempre había querido triunfar, ser alguien
especial, y lo había conseguido: era un auténtico aventurero. Pero necesitaba
emprender algo nuevo, quizá algo como capitanear a aquellos seres oscuros que
le rodeaban, que no entendían la vida y le apagaban a él. Máximo le comprendía
y creía en esa ambición que otros cuestionaban. Dejaría de estar solo, de
predicar al vacío, a la nada. Ya no dudó:
—Cuenta conmigo.
—Genial. ¿Qué estás
dispuesto a hacer para empezar?
-
¿Qué hay que hacer?
-
Primero tendrás que seguir
un curso relámpago de tres semanas, de lunes a sábado, de 9 a 2 y de 4 a 8 de
la tarde. Preséntate mañana a las 9 en esta dirección –le pasa una tarjeta-. Te
recibirá Roberto Lacalle.
-
¿Me podrías anticipar
algo? ¿De qué va el curso?
-
Ya lo verás, Julen. Es
demasiado amplio para darte detalles ahora. Recuerda,
¡Cuento contigo!
Ya de madrugada, Julen no podía dejar de darle vueltas al
reciente episodio. Percibía un sutil peligro, indefinible por el momento, en
todo el montaje que acababa de presenciar; una sensación de desazón le
embargaba. ¿Por qué el acto de presentación a las 12 de la noche? Ciertamente
una hora inusual para un evento público. ¿Y la tenue iluminación de la sala de
conferencias?
De pronto se levantó y se puso a buscar en Google la palabra
preparador. Saltando de uno a otro término, llegó a
uno que le sonaba: coaching. ¿Podría
tener algo que ver? Según lo que dedujo por entre las numerosas entradas que
recorrió, es un sistema para motivar a la gente, individualmente o en
grupo, para ayudarlos a alcanzar sus objetivos. Había muchísimo material sobre
el tema, cuyos orígenes se remontaban hasta Sócrates. Escuela europea, escuela
americana, coaching directivo, no
directivo… El cansancio se fue adueñando de él; al fin, se quedó dormido.
A la mañana siguiente, poco antes de las nueve, se encontraba
sentado frente a Roberto Lacalle, un hombre de edad mediana, más o menos como
la de Máximo, rasgos agradables, pelo corto
y canoso, y un pequeño diamante incrustado en uno de sus incisivos
superiores; su voz irradiaba convicción.
-
Bien, Julen, te estaba
esperando; enhorabuena por haberte decidido; esta puede ser la oportunidad de
tu vida, depende de ti. No solo vas a ganar mucho dinero, sino que, además, te
vas a codear con las más altas esferas del poder.
-
¿Te explicas? Por ahora no
tengo ni idea de lo que hay qué hacer en este trabajo, porque…, supongo que es
algún tipo de trabajo, ¿no?
-
Es mucho más que eso, es
una pasión; aquí no hay límites que se te impongan, las reglas las manejas tú,
y la organización de tus proyectos depende de tu propia creatividad. Pero,
vamos a la sala del taller, el curso va a empezar.
En una pequeña estancia, frente al despacho de Lacalle, se
acomodaban ocho jóvenes de ambos sexos en unos asientos con pupitre plegable. Julen reconoció a algunos de los que
estuvieron en el mitin inicial, localizó un asiento vacío y se sentó.
Roberto Lacalle pasó a ocupar el espacio delantero de la sala,
provisto de una pantalla vileda y un
proyector.
-Bienvenidos a todos y a
todas, y enhorabuena por haber decidido tomar en serio esta oportunidad. Me
recordáis mucho a mí hace cinco años, cuando comencé mi andadura como
preparador.
Roberto comenzó a explicar que el ser preparador, aunque era un
trabajo orientado a las personas de ahí
afuera, empezaba por uno mismo.
-No podéis esperar influenciar los patrones de pensamientos, actitudes
y conducta de otros, si antes no habéis sido capaces de cambiar los vuestros.
Así que, desde el principio voy a proponeros que os fijéis un propósito de
cambio en vuestras relaciones cercanas: con pareja o familia, con amigos o con
compañeros de trabajo, que habremos de verificar en tres semanas a partir de
hoy…
Las sesiones eran muy intensas; otros preparadores se alternaban
con Roberto para exponer diversos módulos: psicología básica, sociología de las
organizaciones, comportamiento de masas, mercadotecnia y finanzas, lenguaje
corporal…
Al final de la tarde, Julen estaba exhausto. De vuelta en casa,
decidió mantener un perfil bajo sobre la nueva actividad en la que se había
embarcado, para no tener que dar demasiadas explicaciones, -posiblemente la
crónica de un fracaso- por si el intento no llegase a buen puerto. De todos
modos, su madre, Nekane, agradeció ver a su hijo fuera de casa desde temprano
por la mañana hasta bien entrada la tarde.
-No sé qué será eso de preparador,
hijo, pero creo que te está viniendo de maravilla; al menos te está haciendo
levantarte pronto y tener una rutina de trabajo.
Comentarios
Publicar un comentario