LOS PREPARADORES (Parte VI)

 

LOS PREPARADORES  (Parte VI)

En poco más de dos meses el partido en cuestión irrumpía con fuerza en el panorama político de Euskadi. La expectativa de voto se había multiplicado por mil, y el fenómeno se comentaba en todas las emisoras locales y nacionales; la gente hablaba sobre ello en bares y en corrillos de amigos, algunos con desidia, otros con curiosidad, otros dándose a todos los demonios por lo que veían como un aumento inesperado del ya enorme lodazal de la política.

El éxito para el joven preparador se tradujo en una considerable montaña de euros como él nunca hubiera podido imaginar; lo primero que tocaba era independizarse; alquiló un pequeño pero coqueto loft  en la calle Fernández del Campo y, aprovechando que su padre quería cambiar de coche, le compró el viejo Mercedes de la familia, que tenía ya sus años pero que todavía mantenía sus caballos en buena forma; sobra decir que toda la familia de Julen, sus padres y su hermana pequeña, Maider, estaba encantada con su meteórico –si bien un tanto misterioso- ascenso.

            Julen y Patty seguían en contacto. Al principio Patty lo había pasado muy mal; se encontraba sola, sin amigos, excepto por una buena compi del instituto que llevaba ya unos años asentada y con trabajo en Barcelona, y que le cedió una habitación en un pequeño piso alquilado en el Barrio Gótico. Julen le pidió que le llamase por la línea del móvil en lugar de usar redes sociales, para sentirla más cerca oyendo su voz, y, a veces, se pasaban largas horas hablando por el móvil.

-        A ver, me gusta el ambiente, y sentir la vibra de esta ciudad, pero echo de menos a mi gente, las rutas de poteo y cañas por esos garitos indecentes de La Ribera, Iturribide y Santuxu, y también a ti, a pesar del poco tiempo que hace que nos conocemos… Cuando Máximo me dijo que tenía un asunto muy interesante para mí en Barcelona, no me gustó nada la idea; yo no estaba planeando irme de Bilbao.

-        Creo que quería mantenernos a distancia; yo le pedí que te juntaras conmigo para mi proyecto aquí, y él me dijo que no podía ser, que salías muy pronto para Barcelona, pues tenía algo interesante para ti.

-        ¡Qué cabrón! Me hubiera encantado trabajar contigo, sobre todo para empezar… Pero, bueno, mi proyecto es algo más largo que el tuyo; una distribuidora multinacional que quiere aumentar su cuota de mercado; hay que motivar al personal de almacén y de administración, a los comerciales, a los mandos intermedios, a los mandos de arriba, a los posibles clientes… ¡A todo dios! -Y rompe en una de sus sonoras risotadas…

Julen se contagió y se unió a las risas; una de las cosas que más le gustaba de Patty era su espontáneo sentido del humor. 

-        Estas carcajadas me dan la vida, Patty; yo también te echo de menos; cualquier día me presento por allí en mi flamante Mercedes…

La reputación de Julen como preparador prendió enseguida en la organización de Máximo, llegando incluso a círculos financieros y mediáticos cercanos; los contratos surgían uno tras otro, con poco tiempo incluso para sopesar su viabilidad. El problema era que Julen no tenía decisión en cuáles aceptaba o declinaba, sino que eran Máximo y Roberto quienes aceptaban y firmaban los proyectos, para luego asignárselos a los preparadores que ellos consideraban más idóneos. Al ser los honorarios de estos proyectos tan jugosos, Máximo se dejaba llevar por la codicia y aceptaba más de los que podía manejar, y luego trasladaba toda la presión al preparador al que hubiera asignado la tarea.

Mesmerizado por el dinero rápido –la pasta gansa-, como había comentado con algún amigo cercano- Julen no podía sustraerse al frenético ritmo de trabajo que Máximo le marcaba. Los horarios de trabajo que, en un principio, se había fijado, se desintegraron; ahora, a las ocho horas fijas de la biblioteca, se sumaban otras sin cuento en su casa, incluso noches en vela, con cafeteras continuamente humeando y chirriando vapor desde la vitro de la cocina, tan solo a unos pasos de su mesa de estudio.

De vez en cuando Patty lo llamaba y se ponían al día de sus correrías.

-        ¡Esto es la hostia, tío! Aquí no se puede pagar una ronda, la peña te mira extrañada; todo es a escote…

-        Si, ya sé lo que me quieres decir; conozco la historia de cuando estuve una temporada por allí. Por lo demás, ¿Cómo te va? ¿Qué tal tu proyecto?

-        Bastante bien; algo más lento de lo que había planeado, pero bien; el problema es que algunos de los peces gordos me están tirando los trastos… Incluso alguno me ha dicho sin tapujos que se quiere acostar conmigo…

-        ¡Serán cabrones! Por dios, Patty, no hagas nada a menos que tengas claro que quieres hacerlo, que sientes algo especial por esa persona… ¡Si te metes en esa mierda estás perdida, te acabarán jodiendo la vida!

Julen sabía que su consejo era totalmente interesado, que Patty le importaba, le importaba muchísimo, y que estaba comido por los celos; pero, aun así, sabía por experiencia del tremendo sufrimiento causado por la caída en el abismo  de la banalidad del sexo y en el vacío de las relaciones afectivas.

-        ¡Claro que no! ¿Qué te crees? Cuanto más babea un hombre por mis huesos, más asco me da. El problema es que alguno ha llegado incluso a chantajearme, diciéndome que a menos que haya cama se rescinde el contrato.

-        Patty, por favor, no te dejes seducir, no cedas. Esa gente son tiburones al acecho de la presa. Bueno, voy ser sincero contigo, tengo unos celos tremendos; me importas muchísimo y tenía esperanzas de que pudiéramos empezar algo juntos…

-         ¡Biennnn! Eso es lo que quería oír… A mí me pasa lo mismo y también me gustaría que fuésemos pareja; yo también odio los celos y estar en vilo pensando que mi chico puede estar con otra… Quédate tranquilo, Julen, ahora que nos hemos dicho lo que sentimos, todo va a cambiar, vamos a estar más seguros el uno del otro…

 

 

 

 

 

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